Ignatius Reilly, 30 años, vive en casa de su madre viuda, no trabaja porque el mundo no es para él. Piensa que la mejor época de la historia fue la Edad Media. Sufre por que la Inquisición ya no existe. Su insaciable curiosidad por aprender le lleva a probar un nuevo instrumento cada semana. Ávido lector de Boecio y su rueda de la fortuna. ¡Necio! Inteligente.Una telaraña de personajes va tejiéndose en torno a Reilly. ¿Necios? ¿Gente corriente? Darlene es una chica de las que deben hacer beber a los clientes de un bar nocturno; Jones es el negro que lo limpia; Lana Lee la madame que lo regenta; Mancuso el desdichado policía que persigue el delito allá donde se cometa; Trixie la octogenaria a la que un amor mal entendido no permite jubilarse; los Levy son un matrimonio ya aburrido de serlo; y aún hay otros muchos hombres y mujeres que ven sus vidas enredarse sin remedio en torno a las catástrofes que Reilly organiza allá por donde pasa.
Inteligentísima crítica social que, con gran comicidad, no deja títere con cabeza.
Egocéntrico, particular visión del mundo, rica vida interior, con normas sobre su atuendo según la geometría y la teología. No deja a nadie impasible.








